![]() JOSE MIGUEL RUIZ. Conocí a José Miguel Ruiz el día en que la Ilustre Municipalidad de San Antonio le hacía entrega del Premio Municipal de Arte 1998, Mención Poesía, allá, en las alturas del Gimnasio Montemar. Compartíamos la primera fila de la platea inmersos en la magnética fantasía de las hermosas del Ballet Folklórico Nacional, invitado especial para la ocasión. La comunicación vino espontánea como la del reencuentro de viejos amigos. Por razones laborales ejercía la docencia en Santiago. Su infancia y su inspirada juventud habían transcurrido en la magia que sobre él ejercía "la calle larga" de Lo Gallardo y los mil desconocidos senderos del río y del monte que se abrían de par en par a la fértil imaginación de "un niño que crecía". Y, entre follajes y remansos, la presencia bienhechora de doña Inés Del Río de Balmaceda, " Doña Momo, la más hermosa de las hadas del más hermoso de los jardines", que, transparente de soles y estrellas, estimulaba los trazos de acuarela de sus versos. José Miguel nació en San Antonio el año 1956. Es "discípulo de Roberto Humeres, pintor, humanista, maestro" cuyos sabios consejos emergen claros como el agua clara, en el prólogo de "Los pregones de un buhonero" (1996) que, en su caso, no vocean baratijas sino reluciente orfebrería bellamente trabajada. Otras publicaciones: "El balde en el pozo" (1994), "Los cuentos de Paula y Carolina (1997). Premios: 1975: Mención honrosa en las Juegos Literarios Gabriela Mistral. 1979: Mención honrosa en el Concurso de Poesía Ariel. 1980 : Primer Premio de Poesía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 1998 : Premio Municipal de Arte, Mención Poesía. La poesía de José Miguel Ruiz revive en cada línea de sus creaciones la oxigenada y trajinante niñez transcurrida en el lar de Lo Gallardo, tierra con reciedumbre de canteras, de soñadores incurables, de pan amasado cocido al calor y la fragancia de ramas de eucaliptus, de residentes ilustres, de comunidad conformada por familias ancestrales y una "escuela que canta". Es "el hombre serio" que sostiene la techumbre del hogar, en el cual habita el poeta que en Los Cuentos de Paula y Carolina confiesa sus pequeñas hijas que: "Lo mejor que hay en mí está un poco de espaldas al mundo que casi todos, y buenamente, consideran lo real." Es: " Nieto de
un aventurero, |